Que difícil es decir algo tan simple, una corta frase que refleja tal sentimiento, parece que da miedo no recibir respuesta, da miedo sentirlo solo, es curioso, pero por más que hayamos pasado por lo mismo sigue dando miedo.
A él:
Tú que en tan poco tiempo le has dado más alegría de lo que ella sabía se podía tener, tú que con una sonrisa le iluminas el rostro, tú que con un beso le borras la amargura, tú que simplemente no sabes lo que le provocas.
Por tu dulce mirada de niño, por tus travesuras, por tus caricias, por todo tú. Aún cuando olvidas tu esencia y te empeñas en querer ser lo opuesto a ti, aún con tus enojos temporales, aún si no sientes lo mismo, a pesar de todo ella no deja de sentir.
Ella se muerde los labios para evitar decirlo, no sabe que inventar para que no lo sepas, daría lo que tuviese en sus manos para evitarte las penas, se le parte el alma de verte sufrir. Tú crees que ella te echa en cara tus errores y no es así, sólo le da rabia que sufras tanto por otros que se aprovecharon de tu buen corazón, ella siente impotencia y responde torpemente sin ver que te hiere.
Y así se pasa los días, sin saber qué hacer, con ganas de pintarte un sol que te alegre los días, inventando una palabra para darte ánimos, queriendo hacer algo por quitarte las ganas de desaparecer, con la ilusión de ver que algún día regresen tus ganas de vivir plenamente, haciendo el intento de hacerte feliz por un rato o como dicen: mientras dure, sea un día, un año o toda la vida...
Te quiero tanto...
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