viernes, 6 de junio de 2008

ELLA Y ÉL

Y ahí estaba… con su cara de niño inocente, sonriente pero con profunda mirada de tristeza, casi imperceptible para el resto. Quizás las cicatrices internas le marcaron ese andar vacilante, inseguro, cómo quién sabe hacia dónde va, pero no sabe que camino tomar, con sus ansias de saber y su curiosidad permanente.

Aquel día ella se acercó a él, en ese momento no supo qué le atrajo, luego lo sabría, pero ese día allí estaba ella, con susto y expectante de mirarlo por primera vez. Tiempo atrás ella perdió el miedo, quizás amparada por la seguridad relativa que le daba el anonimato, quizás cansada del fraude que había resultado lo conocido, atormentada de tanto pasado, de tanta herida, de tanta carga emocional prestada.

Con la emoción del primer encuentro y con una tímida mirada lo vio por primera vez, “esperas a alguien” dijo él graciosamente y a ella le saltó el corazón, ¡sí! que alivio tan grande, era él y era justo cómo debía ser”. Las horas fueron pasando y ellos conversaban sin miedo, con la mayor honestidad posible, se reían de si mismos burlándose de las malas pasadas del destino. La atracción física era obvia e inevitable, él era tan sutil que provocaba en ella una sensación olvidada que mezclaba ternura con el deseo más primitivo de satisfacer los instintos.

La inocencia se juntó con la experiencia, la confianza mutua se apoderó del ambiente, eran como dos antiguos amantes que se reencontraban después de haber seguido distintos caminos, reconocían sus cuerpos como sí apenas hacia unos días que se habían dejado de ver. Allí en aquella noche larga, se fundió la razón con el deseo, no había preguntas, sólo consumaron las noches de espera, noches de espera en las que no sabían que esperaban.

Pasaron los días y nacieron las preguntas, la razón recuperaba su lugar y por instantes daba paso a la duda... y es que es imposible no dudar con semejantes historias pasadas. Pero a ella no le importaron sus dudas, aunque a veces ofendían y le golpeaban directo al rostro como intentando recordarle sus errores, haciéndole pensar que sus malas elecciones la iban a perseguir por siempre.

Podrían fingir mil años, pero los ojos son el reflejo del alma y la mirada delataría.

Su mirada la cautiva, ella se declara absolutamente encantada con su reflejo, él es una mezcla de todo lo que a ella le gusta, la inteligencia con la sencillez, un poco de prepotencia y algo de inseguridad, las bromas de niño y la fuerza de hombre. Ella siente admiración por él, le gusta escucharlo, lo mira con dedicación mientras él habla. ¿y cómo no sentir admiración por alguien tan especial?, él es único y lo sabe, tanto como lo es ella, que aún con cicatrices mortales se levanta nuevamente para dar otro respiro y continuar su camino.

Si los momentos que han pasado juntos le han inspirado lo que ella siente hoy, entonces han valido la pena…